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KUROPATWA EN TECHNICOLOR


KUROPATWA EN TECHNICOLOR



En mayo fue invitado a participar de la muestra Maricas (Faggots) con curaduría de Bill Arning en el Centro Cultural Ricardo Rojas.



En junio volvió a presentar sus trabajos en el Centro Cultural Ricardo Rojas pero esta vez en una muestra individual: Mi Amor. Alejandro Kuropatwa. Dividida en cinco secciones (la historia de lo seco, de lo muerto, del fondo, se fue para allá y un instante en la vida de A.) la muestra exhibió flores y frutos en diferentes estados. María Moreno escribió el texto: "En ¿Dónde está Joan Collins?, la muestra anterior de Alejandro Kuropatwa, los seres eran fotografiados como si ya no vivieran, atravesados por el esto ha sido... En Mi amor se busca que los seres sean en sí mismos, sin el sostén de una mirada rectora. El fotógrafo se retira de puntillas dejando al referente irradiar su gloria de cosa. Por eso se trata de historias, allí donde no estamos sino para dar testimonio, y de flores, aquéllas que no ofrecen datos sociológicos o de periodos temporales: son lo que siempre han sido y serán”.



Alguna vez Kuropatwa confesó: “A la muerte la muestro siempre y a la naturaleza también” . El hecho es que las flores comenzaron a ganar terreno en sus trabajos y a lo largo de los noventa las fotografió una y otra vez: gigantes, carnívoras, a veces con la avidez angurrienta de la planta de la Tiendita del Horror, otras recordando el jardín de Rappaccini de Nathaniel Hawthorne: la flor inocente, la flor del mal. “Las flores me erotizan mucho. Adoro las calas. Al principio todos me decían ¡qué horror, cómo vas a fotografiar calas, es flor de cementerio! Ahora vas por la Avenida Santa Fe y es moda" .

























TEQUILA SUNRISE

1 Medida de tequila

2 Medidas de jugo de naranja

1/2 Medida de granadina

1/2 Rodaja de limón







“Una vez, para mi cumpleaños, Alejandro me organizó una salida a un restaurante de ultra lujo. Cuando terminamos de comer, le pidió al mozo: Ahora queremos frutillas bañadas en chocolate. Y el mozo le dijo: Sr. Alejandro, usted me va a tener que perdonar, pero no hay. Entonces Alejandro lo miró y dijo: Pues que haya”

Roberto Jacoby









1996

Kuropatwa no se daba por vencido con facilidad. Y un día de 1996 su vida dio un (segundo) vuelco: en la "Conferencia de la Esperanza", como se denominó a la XI Conferencia Mundial sobre Sida celebrada en Vancouver, los científicos dieron a conocer los resultados sobre el llamado cóctel antiviral. Para él esto significó una esperanza.



Había pasado una temporada en el infierno que lo llevó a internarse en una clínica de rehabilitación en Laguna Beach, California. Sus padres lo acompañaron durante tres largos meses. “Allí me mimaron a lo loco y me trataron de todas las infecciones. Luego me incorporé a un grupo de autoayuda para alcohólicos y Father Bob nos rescataba de los happy hours de las 7 de la tarde, horario muy difícil porque volvés del trabajo y la copa te baila. Después de salir de la clínica me dije: ¿qué hago ahora que estoy vivo?” . Miriam Bendjuia, su amiga más próxima y como la describe Tommy Paskus, su enfermera espiritual, relató: “Durante esos meses me llamaba desde la clínica y me comentaba lo harto que estaba de tanta píldora. Entonces un día le dije, ¿Ale, por qué no le pedís a tu papá que te compre una camarita cualquiera y le sacás fotos a las pastillas?”. Y eso hizo.



Ese octubre exhibió Cóctel en la Galería Ruth Benzacar, muestra que Fernando Noy describió como “un harakiri mediático donde Kuropatwa sublimó su tragedia” y que para muchos es el gran giro en su obra. En la exposición, que inauguraba el nuevo espacio del subsuelo de la galería, Kuropatwa presentó una serie de fotografías de gran formato que registraban su dieta diaria de píldoras. Aparecían ahí, entre otras, la pastilla de la mañana, la de la noche, la pastilla sobre la lengua y el frasco con los detalles de la composición farmacológica.



Era una muestra que asumía y alertaba a la vez. Edgardo Giménez comentó: “Cóctel fue de una honestidad brutal. Abrumadora. Mientras la gente se escondía, él se abría”.



El texto de la muestra, escrito por Roberto Jacoby, decía: “En estos años en que se desarrolló su obra, Kuropatwa compartió con el artista romántico el poder mítico del que va a morir, el que está aquí y también más allá. Bueno, es cierto que todos estamos hechos para la muerte pero justamente por eso quien lleva la marca de la muerte sobre su frente funciona como emblema de la espantosa condición humana...” .



La muestra fue un éxito, se vendió por completo y se calcula que fue visitada por más de 3.000 personas. Kuropatwa declaró en la revista Gente: "Lo recaudado fue para beneficencia. Para mi propio beneficio. El tratamiento cuesta una fortuna”. Y se lo presiente feliz: “Estoy planeando una muestra en el Centro Cultural Recoleta con retratos míos, fotos sociales. Se va a llamar La Felicidad, ja ja-ja ja". Dos años más tarde, en abril de 1998, volvió a presentar algunas de las fotografías de Cóctel en la muestra colectiva Transatlántico. Diseminación, Cruce y Desterritorialización en el Centro Atlántico de arte Moderno en Las Palmas de Gran Canaria.


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