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KUROPATWA EN TECHNICOLOR


KUROPATWA EN TECHNICOLOR

Roberto Jacoby





1998



Donde Kuropatwa ponía el ojo, ponía la bala. A mediados de mayo de 1998 inauguró en la Alianza Francesa Marie Antoinette. Despiadadas tomas de mujeres de alta sociedad armadas de joyas, turbantes, rictus y patas de gallo como surcos de viejo arado. En retratos de gran formato con fondos neutros, las mujeres aparecían inspeccionadas con la crudeza de una luz de quirófano. En Aída, los ojos amoratados e hinchados parecen los de una niña llorosa pero también los de una cobra espiando a través de mechones de nylon amarillo mientras dos pendientes hipnóticos se tambalean de sus orejas. En estas fotografías no hay humor negro porque, no obstante su encantador artificio, no hay compasión. Marie Antoinette fue quizá la primera muestra que dividió las aguas: hubo gente que la adoró y otra que creyó ver en ella maldad gratuita y traición hacia esas señoras que le habían abierto las puertas de su intimidad. Kuropatwa mostraba su veta más cínica y por un rato se convirtió en lo que Fernando Noy llamó “el Truman Capote del flash” .



Pero en Clarín el artista explicó: "En esta etapa de mi vida quise investigar el mundo de las mujeres de alta sociedad, de las joyas, y la ropa tan cara y tan inverosímil, de las charlas sobre yoga y los conciertos de la Wagneriana... Es un mundo de fantasía con mucho lujo y mucho té con budín. Si se las mira bien tiene algo del encanto de los viejos cabarets alemanes. Lo que yo veo es una vanidad muy humana” . Y luego: “A mí me hubiera gustado que la muestra se llame 'Preciosas en technicolor'. Son preciosas, todo lo que tienen es precioso, porque son libres (...) Lo que me atrae es que son totalmente distintas. Algunas están muy solas. A mí eso me partió el alma, tener tanto y estar tan solas. Cuando iba a visitarlas, yo también me preparaba, me vestía con cuidado. Me sentí como un príncipe de la corte trabajando con ellas, las reinas" .



En una nota aparecida en el suplemento Radar de Página/12, bajo el título “Mujercitas”, Kuropatwa desarrolló:



"La Alianza Francesa me había pedido un proyecto y yo había sugerido hacer comida francesa típica -no esa nouvelle cuisine que pasa por francesa, sino cocina en serio- con proyecciones de las recetas paso a paso en español. Pero los costos eran altísimos. Ahí se me ocurrieron estas fotos (...) Aída Schneider es mi favorita. Es la suma de todas las partes. Encarna el espíritu de la muestra. Me recibió una mañana en su departamento. La mañana es a eso de las doce porque de seis de la tarde hasta la madrugada juega al bridge. Con Aída aprendí a hablar de tú: ¿tú qué deseas tomar, Alejandro? Pidiera lo que pidiera Aída tocaba un botón y aparecía una mucama con uno de esos vasos que da pavor romper. Yo me había puesto el único traje azul que tengo, para presentaciones y otros eventos (y acerca del cual Aída no opinó aunque no pudo dejar de criticarme la corbata). Esa mañana me di cuenta de lo fascinante que es una mujer que hace lo que quiere. Una mujer que dice: ya no hay sirvienta que trabaje como la gente, después de que la sirvienta entrara a decir que la mesa estaba servida (...). Le pregunté si tenía capas. Tocó un timbre y dijo: “Capas”. Apareció la sirvienta cargada de colores Dior. Mientras ésta desplegaba las capas sobre los sillones de terciopelo bordados en oro, Aída me pregunta: ¿Mi querido, no piensas que quedan mejor sobre los sillones que sobre mí? Durante la charla le di a entender que me fascinaban las esmeraldas. Aída se dio vuelta y empezó a sacar pañuelos de seda de un vaso del año del pedo mientras me decía: me ha dicho Cecilio Madanes que eres muy sensible, Alejandro, así que por favor no te desmayes. Entonces se da vuelta como en el ¡Shock! de Susana pero sin ser así de ordinario y dice: Mi querido, estás viendo ochenta quilates en cada oreja. A Amalita la descarté. Primero porque las fotos se expondrían en la Alianza de la que ella es la presidenta, pero además porque trabaja. Estas mujeres no. Amalita, como Mirtha, como Ernestina Herrera de Noble, son unas plebeyas. Se prostituyen. Laburan. Aída, a lo sumo, va alguna tarde al Museo Fernández Blanco” .



Y cuenta la historia que -blindado por su encanto- Kuropatwa logró que las retratadas no se enojaran: “En la inauguración me abrazaban pero ni una palabra de las fotos. Fue un capricho de Alejandro y ellas me lo concedieron”.



A mediados de junio fue invitado a participar en Cocktail Hour: New Imagery in the Aids Era, curada por Bob Kelley por encargo de la revista SF Cameraworks, a Journal of Photographic Arts, de San Francisco, donde participan, entre otros, Mary Berridge, David Keating, Thomas McGovern, Ken Probst.



1999

En 1999 se sucedieron las muestras colectivas:

Solidaridad 99. 1ra. Exposición de entidades de Bien Público en el Palais de Glace; Siglo XX Argentino. Arte y Cultura en el Centro Cultural Recoleta; 8 Fotógrafos en Espacio RO; Otra Fotografía en Galería Ruth Benazacar junto a Raúl Flores, Jorge Macchi, Liliana Porter, Eduardo Aráuz, Andrea Ostera, Juan Paparella, Dino Bruzzone, Oscar Bony. Allí muestra su obra Nueve Semanas y media; Otros Papeles. Fernando Bustillo, en la Fundación Proa, donde presentó el trabajo Con la Mujer Maravilla; Fin de ciclo. 1998-1999 en la Alianza Francesa junto a Jane Brodie, Mónica van Asperen, Daniel Joglar, Alfredo Londaibere, Graciela Hasper, Manuel Esnoz, Alejandra Seeber y Adriana Miranda; Segunda Muestra de la Colección de Fotografía del MNBA en el MNBA: Arte Fotográfico Argentino. Colección del Museo de Arte Moderno en Mamba curada por Laura Buccellato; Libro de Artistas en la Sociedad Argentina de Escritores. Recibió el Premio Leonardo en Fotografía.


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