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KUROPATWA EN TECHNICOLOR


KUROPATWA EN TECHNICOLOR

En "Man Ray en el choping”, un artículo publicado en la revista Ramona, Kuropatwa hizo foco sobre una muestra de fotografías de Man Ray exhibida en el Centro Cultural Borges y prendió el ventilador:

“En la sala donde está Borges, Boca y no sé que otro artista dice Man Ray, a la derecha dos fotografías blanco y negro sobre foamboard (cortadas y todas las puntas dobladas) que son muy típicas, la mujer stradivarius. Automáticamente me agarró un ataque de tos, pensé que la muestra era obviamente eso, me tomé el 10 para llegar a Maipú y Córdoba, caminé hasta Viamonte y crucé Florida. Llegué, el ticket de entrada cuesta $5, no me animé a preguntar el precio del catálogo, no me animé a preguntar quién es el director o quién es el que curó la muestra, quien haya sido no sabe colgar, no sabe iluminar, no sabe nada e invocaré una frase del señor Cristo, "... Señor no saben lo que hacen...". El lugar es una especie de Cronopios donde me asomé por la baranda y vi desde Man Ray hasta Via Vai, vi todos los locales, en un momento entra una mujer con una capelina de paja, es que esa muestra es una muestra tan importante, tan importante que no puede estar en un shopping con las paredes sucias; las luces, están puestas a 3 m., las fotos no están todas iluminadas, había música y mala. Ni siquiera se tomaron el trabajo de hacer lo mismo que hace la revista Gente, que, cuando tiene a muchas personas en su tapa, hace un recorte de las siluetas, las numera, y pone quién es quién, digo, para que sepan quiénes son los que están en la foto. Un video de M. Dietrich, ¡ay!, no pusieron el más mínimo amor a la fotografía, cinco sillas de plástico blancas, ¿por qué?, para ver el video que si no ponías play no se veía, no andaba, no tenía autorewind, era todo tan pobre, que no se rebobinaba, vos tenías que trabajar por los $5, los pisos de loza, el techo estilo Pompidou con los caños bien afuera, de aluminio grueso, había más aire acondicionado en el shopping que en la muestra. Las copias no eran originales, eran tirajes, de 250, de 300, excepto una escultura, la más divina que hizo, el pene, estructura tubular con dos pelotas de mármol de Carrara (una edición de 25), en la parte de dibujos era lindo porque entraba luz natural. Es una muestra que debería estar en el Museo Nacional, en el de Arte Moderno o en la sala Cronopios, en grandes salas, en el Palais de Glace (con semejante nombre...). La globalización con la cultura no pegan, no tienen buen gusto, lo tienen solamente para la plata no para mirar. Embriagado de tanta mierda con tan lindas fotos me fui” .



MISS PRIMAVERA

4/10 Tequila

2/10 Passoa

1 Durazno

Azúcar

Hielo





“Yo estaba acodada sobre la barra de Trumps con los labios bien pintados y de repente Ale me mira y me dice: gorda, qué bien que te queda el whisky”

Miriam Bendjuia









2001

El 6 de enero, su padre Miguel, el hombre que para cuidar a su hijo solía pararse a la entrada de las fiestas para verificar que nadie ingresara con bebidas alcohólicas, murió. Para Kuropatwa, esto significó de alguna forma un alivio: la vida no interrumpía su orden natural. El hijo despedía al padre.



Como un mago que, sierra en mano, corta en pedazos a su asistente, Kuropatwa realizó a lo largo de su carrera una disección en capas de la mujer. La examinó, separó sus pedazos, los estudió uno a uno, y luego volvió a unirlos, reacomodándolos en una imagen nueva y urticante. Su cámara se volvió así no tanto un instrumento para capturar superficies homogéneas, sino un bisturí que buscó el hueso. "Me gustan las mayorcitas con arrugas. Me parece estúpida esa moda de aparecer en las revistas con la cara planchada. ¿A alguien le interesan los rostros vírgenes que no te dicen nada, que no tienen experiencia?" . Entre el 18 de julio y el 18 de agosto de 2001, Kuropatwa expuso en la Galería Ruth Benzacar una muestra que hoy se la recuerda bajo el nombre de Mujer aunque éste no figure en el catálogo. Sofía Müller, encargada del texto, escribió una de las percepciones más sintéticas y a la vez acertadas sobre el artista: "Alejandro es un paisaje. Permite entrar y salir" . La muestra presentó un conjunto de fotografías hechas en 35 mm: una boca adornada por pétalos amarillos, labios ajados por un rouge seco, una ceja atravesada por una curita, un mechón de pelo desteñido, dientes que muerden una aceituna, corpiños en primer plano, rostros empapados y lápices labiales parados como soldaditos de plomo.



Kuropatwa declaró: "En la muestra anterior (Marie Antoinette) había mucho lujo, en ésta hay lujuria... Yo ya hice Barbies y la verdad es que no estamos hechos de plástico y celofán: estamos hechos de carne y de sangre (...) Los lápices labiales son balas que se disparan con los labios. Esta muestra es mujeres al ataque. Y cualquiera puede tener esa actitud porque un lápiz labial cuesta dos pesitos” . Hay una foto perturbadora: unos labios gastados bañados en purpurina. Son los de Celsa Ocampo, la señora paraguaya que desde 1996 se había convertido en el hada madrina del fotógrafo cuidándolo incesantemente (“nos amamos y a veces nos odiamos, como todo matrimonio”) . Como Keats, Kuropatwa parecía afirmar que la belleza es verdad y la verdad, belleza.


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