Fue seleccionado para los Premios Fundación Banco Ciudad en el Museo Nacional de Bellas Artes, donde presentó -“como un estado de ánimo”, según palabras de Fabián Lebenglik - una de sus flores marchitas; participó también en la Exposición y Remate en el Museo Sívori y presentó Yocasta en la tercera edición de la Bienal Nacional de Arte de Bahía Blanca llevada a cabo en el Museo de Arte Contemporáneo de esa ciudad.
2002
Con un hígado que ya no resistía las píldoras, Kuropatwa fue internado una y otra vez a lo largo del año.
En el Museo Nacional de Bellas Artes se presentó la muestra retrospectiva Manifiesto y, en el desplegable, Kuropatwa publicó lo que vendría a ser un texto programático:
"En fotografía, lo primero es la mirada. Hay que aprender a mirar con humor. Eso no significa estar mirando, a ver cuándo aparece algo gracioso. La foto es un episodio solemne. Cada imagen tiene que ser buscada. Aun cuando la foto sea un hallazgo del momento, el trabajo sigue siendo de composición. Una foto es una captura (...) A la foto hay que trabajarla. Las cámaras de última generación dan todo resuelto. Eso no sirve: hay que saber exponerse al error y hay que poder exponer un error... La toma debe concretarse primero en la imaginación. Las ideas están muy adentro. Los sentimientos, en cambio, son más visibles... hay gente que no mira y no ve. No importa, hay que darle alguna sensación que la lleve al goce. Es la mejor manera que tengo de definir la fotografía. ¿Cómo sacar una buena foto? Sin intelectualizar. Para fotografiar hay que cautivar. Ya sea el corazón del producto o el alma del modelo (...) Mi corazón no se lo doy a nadie. Mi alma, sólo a la fotografía" .
La muestra, que celebraba los veinte años de la obra del artista, ocupó el pabellón de la planta baja del museo y condensó casi todos los trabajos de las últimas dos décadas, algunas producciones publicitarias del mundo del rock y dos series nunca antes exhibidas: Pescados y Flores.
Fabián Lebenglik escribió: "Un acierto del MNBA para celebrar veinte años de la obra de uno de lo mejores fotógrafos argentinos que ha sabido cruzar vida y obra abriendo caminos con una lucidez, tan impecable como implacable. Y en ese cruce se combinan temas como el erotismo y la sexualidad, el mundo gay, las cuestiones de género, la moda, la relación entre fotografía artística y publicitaria, el sida, la composición fotográfica y la pictórica” .
Ese mismo año Kuropatwa participó en la Segunda Bienal de Arte del Museo Nacional de Bellas Artes con una obra de la serie Bijou, y en Imaginación y Cultura del Siglo XX también en el MNBA donde se presentó obra de artistas diversos como Mapplethorpe, Cartier Bresson, Kertesz, Annemarie Heinrich y Sara Facio. Y recibió el Premio Konex de Platino. Participó en la Bienal de Arte de la Habana.
Para su cumpleaños Celsa llevó a la fiesta un arpista paraguayo. La noche estaba tibia; el jardín, inundado de jazmines, y sobre las mesas se extendía un menú de especialidades paraguayas y judías. Kuropatwa vestía su invariable traje azul.
Pasó la Navidad en el Tigre en unas cabañas indonesas, junto a Miriam y otros amigos.
2003
A comienzos del año fue internado nuevamente. Edgardo Giménez recuerda que durante esos días, cuando lo llamaba por teléfono al sanatorio, solían descostillarse de risa hasta que Kuropatwa, exhausto, le decía: “Bueno, bueno ahora te corto porque no doy más, pero prometeme que mañana me llamás” .
Estaba cansado. Murió el 5 de febrero. Horacio Dabbah contó que ese día lo fue a visitar y Kuropatwa le dijo: “Quiero flores, quiero flores” y después, al rato: “No puedo más” .
Su último trabajo, el Kuro Tour, un proyecto que consistía en pasearse por Buenos Aires a la manera de un turista cualquiera disparando frenéticamente su camarita de bolsillo, quedó inconcluso.
En la Fundación Proa se presentó Escenas de los ’80. Los primeros Años bajo la curaduría de Ana María Battistozzi. Allí se expuso una obra de la serie Fuera de Foco y otra del Objeto del Objeto.
EL CÓCTEL KURO
1/2 Vaso de agua con gas
1/2 Vaso de agua sin gas
(receta ideada por Kuropatwa cuando le prohíben el alcohol)
“Hoy he tenido una gran experiencia vital: he viajado en colectivo”
Alejandro Kuropatwa
Aun en lo momentos de mayor ebullición creativa Kuropatwa logró destilar siempre un aire de ocio tropical. Dicen que los veranos en José Ignacio eran la dolce vita. Que comían lechón adobado con miel y especies en la playa bajo el rayo de sol y tomaban champagne a toda hora. Dicen que cuando había dinero Kuropatwa era un despilfarrador compulsivo y que cuando éste faltaba también lo era, aunque de otra forma. En cierta ocasión, para el cumpleaños de Horacio Dabbah, Kuropatwa llegó sin regalo, tocó timbre y cuando le abrieron la puerta anunció: “no tengo plata” y ahí nomás se desnudó y se tiró encima una lluvia de pétalos de rosas.
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