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KUROPATWA EN TECHNICOLOR


KUROPATWA EN TECHNICOLOR



En septiembre expuso algunos de sus Fuera de Foco en Buenos Aires en la Galería Alberto Elía formando así parte de la muestra colectiva Argentinos en Nueva York de la que también participaron Luis Frangella, Duilio Pierri, Raúl Rodríguez, De la Vega y Andrew Moszynski.



Alejandro Kuropatwa Fotografías: así se llamó la primera muestra individual que Kuropatwa presentó en la Galería Ruth Benzacar de Buenos Aires en julio de 1984. Entre artista y galerista comenzaba una relación que se estrecharía con los años (“Alejandro fue adoptado por mi madre y pasábamos todas las fiestas juntos” describió Orly, hija de Ruth y hoy directora de la Galería) . Para su primera muestra en Benzacar Kuropatwa expuso unas fotografías en blanco y negro. Amigos en poses barrocas y artificiales, imágenes que destilan algo de fanatismo religioso porque, de tan absortas, las figuras parecen santos terrenales. Variety Moszynski, que entre otras cosas, le había dado sus primeras lecciones de fotografía en Nueva York, contó: “Mucho más tarde, después de muchas salidas, vodkas y drogas, cuando él ya había pasado el periodo de estudiante, me convocó a su casa para una sesión fotográfica. Inventó un traje espléndido para mí, hecho de bolsas de basura negras, enredadas alrededor de mi cuerpo. Me sentó en una silla con otro personaje a mis pies, con la cabeza reposando en mis rodillas. Los dos teníamos que parecer estar viviendo algún drama, y yo con la mirada hacia el cielo, tenía que estar rezando. Nos sacó la foto María de las Variedades, y de maestra, pasé a ser Santa” .



Para esa oportunidad Jorge Romero Brest escribió lo que sería su único texto sobre una muestra de fotografías:



"Le he dicho y redicho a Alejandro Kuropatwa: la fotografía no es cuerda en la que puedo tocar, pero su insistencia hizo que me convenciera. Al fin y al cabo, si se trata de interpretar un hecho de cultura, tal como lo constituyen las fotografías expuestas aquí, no hace falta ser un experto en este arte. Basta saber que lo es. Y no sólo por razones de forma-contenido que lo vinculan con la pintura –diría más bien que a la inversa, la pintura lo entorpece- sino porque arte es todo lo que de alguna manera es expresión, sea cual fuere la zona de realidad que se considere (...) Se me ha ocurrido este pequeño discurso preliminar porque las fotos de Alejandro son obras de arte: primero por el enfoque total del personaje, tratándose de retratos, segundo, por la riqueza inusual del tejido fotográfico (...) Si se quiere mayor comprobación aconsejo a los visitantes que observen las fotos con fijeza sostenida: comprobarán que todo pintoresquismo queda excluido, que los caracteres aparentemente psicológicos se desmenuzan en función de la forma general, y lo más importante, que si al mirarlas rápidamente les parecen detenidas en el tiempo, al mirarlas fijamente sentirán una afluencia, como si la imagen recogiera el pasado y anunciara el futuro (...) Como se verá ningún adjetivo empleo. La existencia que es trascender no se valora, se la constata, y al constatarla sólo cabe señalarla como tal" .



Kuropatwa viajó a Alemania e Italia y realizó fotografías publicitarias para distintas publicaciones. Pero a finales de año se enteró de que su amigo Marcelo Bruschtein estaba gravemente enfermo y decidió volver a Buenos Aires.

















BLOODY MARY

1 ½ Medidas de jugo de tomate

1 ¼ Medida de vodka

Golpe de salsa inglesa

½ Limón exprimido

2 Gotas de salsa de tabasco

Sal y pimienta al gusto

Hielo







“Alejandro se tragó la vida de un solo sorbo hasta que la vida le dio un cachetazo”

Tommy Pashkus







1985

Para mediados de los años 80 el sida ya había comenzado a cobrar sus primeras víctimas. Kuropatwa, ojo y lengua afilada, lo definió así: "Algunos de mis buenos amigos habían muerto y se empezaba a complicar mi permanencia en Nueva York. Muchos creen que un día en Nueva York es una visita guiada al Edén. Yo creo que es como tomar unas copas en el infierno" , o bien: "En Buenos Aires la gente creía que Nueva York era discoteca, discoteca, discoteca, pero ya para 1981 era ambulancia, ambulancia, ambulancia” .



Kuropatwa abandonó entonces Nueva York rumbo a la Argentina. Pero antes eligió despedirse con lo que más adelante se convertiría en una típica fiesta a la Kuropatwa: “Invité a todo el mundo que conocía por más que sólo hubiera intercambiado una palabra en la calle y después nunca más lo hubiera visto. Recubrí la terraza con farolitos chinos y había una mesa linda de comida y bebida. Y fue una fiesta salsa. Un grupo de chicas vinieron vestidas con zapatos cha-cha, que son taquitos finitos, y los vestidos son muy apretados con escote corazón y abajo sale tul” . El ojo exquisito de Kuropatwa ya comenzaba a posarse sobre un tipo de belleza particular. Es que Kuropatwa -como dijo Fernando Noy- “fue el último dandy pink, un sacerdote de la alegría que siempre vivió en un mundo 6 estrellas” . Al punto que llegaría a convertirse en un anfitrión sofisticado y en el creador de algunas de las fiestas más delirantes que se recuerden. Horacio Dabbah define hoy las reuniones en lo de Kuropatwa como “el evento” y recuerda que “eran un delirio total. Exquisitas, únicas y originales. Y absolutamente desfachatadas: podías estar comiendo y él se te ponía al lado, se bajaba los pantalones y después vos seguías comiendo un gulash delicioso como si nada” .


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