El último autor
Por Quintín
Un círculo, una línea recta, un laberinto. Acaso eso sea todo lo que queda de lo que alguna vez se llamó cine independiente argentino. Y un cineasta: Lisandro Alonso. El resto parece haber sucumbido a las trampas del dinero, de la coproducción, de la necesidad de complacer a demasiada gente. Las películas que resultan de esos compromisos son cada vez más caras, más convencionales, más previsibles, más chatas. Algunas no disimulan su intención crasamente comercial. Otras la disfrazan o la atenúan, se presentan en festivales, obtienen buenas críticas. No les resulta demasiado difícil. Pero no convencen. Alonso parece haber elegido otro camino, el de no hacer concesiones. No se trata de un acto militante ni de un apostolado; a veces, incluso, puede confundirse con la coquetería, como la de quien usa una marca de ropa exclusiva con el afán de distinguirse. Alonso, tímido en apariencia, siempre fue un dandy y en eso se emparenta con otros dos personajes del cine argentino cuya libertad es encomiable frente a tanta obediencia. Raúl Perrone, por un lado, tejiendo su saga de Ituzaingó para un público de culto hasta consagrarse entre la cinefilia doméstica. Mariano Llinás, por el otro, practicando el arte de la proclama y el gesto aristocrático, desafiando al INCAA con films subterráneos (salvo para la audiencia de Malba) hasta obtener un lugar asegurado entre los que enuncian y denuncian. Ninguno de los dos tiene la ambición de Alonso: ser reconocido como artista a gran escala, ocupar un lugar entre los directores más importantes del mundo. Nada menos. Hace tres años, la Quincena de los Realizadores del Festival de Cannes estrenó un trailer para exhibir antes de cada película. En él, contra un fondo de imágenes difusas, se proyectaban una serie de nombres. Entre otros, figuraban los de Jean-Luc Godard, Rainer Werner Fassbinder, Pedro Costa, Jim Jarmusch, Abbas Kiarostami y una docena más, los cineastas más famosos que habían pasado por esa sección en más de treinta años. El nombre de Alonso estaba entre los elegidos y su emoción al reconocerse en esa lista fue enorme. Intentó disimularla diciendo que iba a pedir una copia para llevarle a la familia. Es que la familia ocupa un lugar importante en la trayectoria de Alonso. Pero vayamos por orden.
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