La línea recta. En verdad, la versión original de La libertad no terminaba así. Había un plano más, en el que Misael miraba a la cámara y se reía, como para establecer que el protagonista era un actor (que compartía solamente su oficio, como cuando alguien que sabe manejar un avión hace de piloto) y romper cualquier presunción de documentalidad. También es cierto que la forma circular en el cine se carga de pomposidad y academicismo, y Alonso aireaba la película con ese agregado que rompía la simetría. Pero Cannes no aceptó la película así y le obligó a Alonso a cortar esa última escena. Un detalle tal vez irrelevante para el film en sí, pero muy significativo respecto de lo que vendría después: el despertar frente a las trampas del mundo del cine.
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