Para su segundo film, Alonso eligió la recta en lugar del círculo: no se trata de un ciclo de tiempo sino de un viaje en el espacio, más precisamente a través de un río,
acaso el más lineal de los dibujos mentales. Esta vez el actor se llama Argentino Vargas y no se interpreta exactamente a sí mismo como Misael, ya que su personaje está preso por asesinar a sus hermanos. En el comienzo de Los muertos, Argentino sale de una cárcel correntina y baja en bote por el Paraná hasta el paraje en el que vive su hija. En el medio suceden unas pocas cosas, el sexo con una prostituta, la parada en la casa de un amigo, el degüello de un cabrito. Pero, al principio, hay un plano espectacular, casi rebuscado, que evoca la muerte de los hermanos. Aunque el estilo difiere del sobrio resto del film, mostrando ese único plano filmado, se consiguió el dinero para terminar la película. Y con la presunción de que Argentino puede ser un asesino serial, se alimentó el suspenso y el morbo de algunos espectadores. Alonso había empezado a recorrer su camino de cineasta internacional de la manera más recta, más previsible. La película fue efectivamente más voluminosa que La libertad, aunque no lo suficiente: en Cannes 2004 no fue aceptada en la selección oficial, que prefirió La niña santa de Lucrecia Martel. En años sucesivos, el festival elegiría films de Chomsky, Reyero, Solanas (h) y Caetano, cinco películas más grandes y más convencionales, en las antípodas del cine de Alonso, que encontraría refugio en la Quincena de los Realizadores.
anterior | siguiente 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9
|